CONCIERTO: Betty LaVette. Sala Caracol (Madrid, ESP). 22/03/11

Haz click para leer la crónica y ver más fotosPor Miguel Caamaño

Llegamos a la Sala Caracol dispuestos a vivir una inusual velada de música en compañía de una de las divas del Soul que ha cosechado más adeptos en todo el mundo que portadas y atenciones mediáticas. En cuanto llegamos presenciamos la última parte de lo que creíamos la interpretación de unos teloneros que no eran tal. Y nos explicamos: se trataba de una banda que sonaba más a America, Lynyrd Skynyrd o cualquier otra formación de rock sureño que a una que tuviera en sus miras el Soul más ortodoxo. Al creer que eran los teloneros todo quedó en una ligera extrañeza, pero al comprobar que iban a ser los músicos que flanquearían a LaVette dejamos que las cosas sucedieran con ciertas sospechas.

"¿Dónde están los vientos?" nos preguntamos; el bajo, guitarra, teclado (con evidente falta de fuelle) y la batería se apoderaron de un protagonismo musical que dirigió sus miras hacia un Rhythm & Blues sureño de lo más aburrido con incluso unos coros sonrojantes por parte de algunos de sus integrantes.

Una Betty ya mayor aunque en espléndida forma salió enfundada en una camiseta de tirantes con lentejuelas y bailó, gesticuló y se entregó. Por ese lado todo correcto, pero la banda comunicaba tan poco que la buena de Betty poco podía hacer ante un público de "treinta para arriba" que empezó frío pero se fue entregando con el transcurso del show. Incluso vimos más de una persona que humedeció sus mejillas con las soberbias interpretaciones, sobre todo en el momento en el que las baladas como "Choices".

Los interludios los pasó departiendo con el respetable, bromeando relajada incluso sobre el hecho de que una versión de Joe Simon ella misma la interpretaba mejor. En los momentos de mayor brillantez el repertorio y el estilo de canciones nos recordaba a Ann Peebles y al sonido Hi Records de los años 70. En los peores tenía más que ver con un Santana a medio gas o con un Gary Moore justito de inspiración que con un concierto del que esperábamos mucho más.

Menos mal que este "Soul para carrozas" en el que se convirtió el concierto fue salvado no sólo por el sentimiento, el oficio y el saber hacer de la de Michigan, quien a veces daba la impresión de que cantaba incluso mejor cuando lo hacía a cappella sin la, a nuestro juicio, poco indicada banda sonora. Un acompañamiento que disipaba sus esfuerzos de llegarnos más con canciones que sin duda tenían madera para que así hubiera sido... Una lástima.
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Fotos: Selector Marx